La historia, concebida durante la década de los ochenta, presentaba a un robot, una inteligencia artificial, intentando, primero, destruir a la humanidad, para después luchar contra otro robot, aún más avanzado, para salvar la vida del futuro líder humano que terminaría con un lejano  y apocalíptico mundo gobernado por computadoras.

Una de las escenas icónicas del cine de ciencia ficción de los noventa formó parte de esta historia. En ésta, el héroe, un robot de modelo antiguo, veía fijo a la cámara,  se ponía sus característicos lentes negros y en un mal español expresaba el característico; –Hasta la vista, baby-, mientras veía como el malo, un robot más nuevo, se iba fundiendo en una caldera para, momentos después, correr la misma suerte, sólo que por decisión propia.

La película recaudó millones de dólares, los efectos especiales fueron reconocidos por muchos, aunque en general se entendía que esa historia era sólo posible gracias a la mente creativa de algún escritor en Hollywood.

Máquinas autosuficientes, con libre albedrío, demostrando algo parecido a sentimientos humanos, capaces de desarrollar sociedades y de someter a los humanos, era inconcebible. Pues bien, la idea cada vez suena menos descabellada y diferentes sectores de la población comienzan a cuestionarse si esto es posible y mejor aún, la fecha en que esto pueda suceder.

Pero no hay que hacer falsas conjeturas, ya que mientras algunos prevén un futuro apocalíptico, hay otros que ven una posibilidad de desarrollo, dónde prótesis y adelantos tecnológicos serán de ayuda para la sociedad, la cual se verá beneficiada en el ámbito; político, económico, social y médico. Todo gracias a la teoría del momento de singularidad tecnológica o llamada simplemente como momento de singularidad.

Esta teoría no es nueva, ya en 1958 Stanislaw Ulam, matemático polaco y miembro del proyecto Manhattan, escribía acerca de esta singularidad, debido a las pláticas que tuvo con John Von Neuman, la cual ocurriría gracias a las transformaciones sociales y desarrollo tecnológico de la era moderna. Aunque Vernor Vinge la popularizaría al relacionarla con mejoras biológicas, interfaces cerebro-máquina y el desarrollo de inteligencia artificial. Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google, es el máximo representante de ésta actualmente.

Pero, qué es la singularidad. A grandes rasgos se puede definir como el momento “donde las máquinas sean capaces de diseñar inteligencias artificiales superiores a la humana”. Con el desarrollo tecnológico acelerado, cada vez se lee menos complicado que esto suceda. Lo que ahora tiene a más de uno preocupado dentro de la comunidad científica es definir cuándo y cómo esto sucederá.

Las dudas son tales que la misma armada de los Estados Unidos de Norteamérica comenzó una cruzada para probar posibles escenarios de un levantamiento armado de las computadoras. A través de un juego en línea y multi-jugador, llamado ‘Maritime Singularity’ (MMOWGLI), intentará recabar información, así como resolver problemas desde el punto de vista de los gamers, no sólo del lado científico o armamentístico.

De acuerdo al Dr. Eric Gulovsen “la tecnología ha avanzado hasta tal punto que prácticamente podemos ver la singularidad presente. Lo que no podemos ver es una solución clara ante este problema, por lo que necesitamos la ayuda de soldados, civiles, expertos en tecnología y gamers para que nos ayuden a diseñar un proyecto de la Armada para un mundo post-singularidad”. De acuerdo a este pensamiento el futuro no parece muy prometedor para la raza humana.

Pero, del otro lado de la moneda, se encuentran aquellos que consideran que la singularidad tecnológica traerá beneficios y ventajas al ser humano, en lugar de condenarlo a vivir en el miedo. Y para muestra, basta un botón.

En la más reciente edición del Mobile World Congress, realizado en Barcelona, la empresa IBM presentó una escultura, basada en la obra de Gaudí, hecha enteramente por una máquina. Watson, inteligencia artificial desarrollada por la empresa, recabó y analizó información del artista catalán para crear una pieza cambiante de forma, y que reaccionaba de acuerdo a las emociones que se tenía en el congreso.  Así, las máquinas podrían ayudarnos a desarrollar habilidades y avances ahora imposibles para el ser humano.

La fecha exacta aún no se tiene, aunque el momento ya ha comenzado, sólo queda decidir si, como Stephen Hawking lo expresó, una vez llegado este momento el ser humano sería rezagado o si como Neil DeGrasse Tyson lo piensa, una máquina no puede desarrollar sentimientos, sino le son programados.